miércoles, 2 de mayo de 2012

El ocaso del período Heian

Emblema clan Hojo
Emblema del clan Hojo
En la parte final de mi último post hablé sobre el castillo de Odawara, perteneciente al clan Hojo tardío durante 1495 a 1590, cuando les fue arrebatado por Toyotomi Hideyoshi. En ese preciso momento me quedé con las ganas de explayarme un poco más, no sobre este clan, sino sobre el auténtico clan Hojo, uno de los clanes más relevantes en la historia del Japón. Hablar sobre el clan Hojo, es como estirar de la punta de un ovillo y descubrir que la influencia de este clan es una de las más duraderas de la cronología japonesa,  empezando desde el período Kamakura.
El origen de este clan proviene de mucho más allá, del período noble y cortesano llamado Heian. Por ello antes de adentrarme en los hechos históricos que caracterizaron al clan Hojo para llegar a ser uno de los más influyentes en el devenir del Japón, es mejor que empiece por explicar el trasfondo histórico de aquel momento, a través de la trilogía literaria más famosa de todas. 
La literatura japonesa nos ofrece una obra maestra para desentrañar la forma de vida y las costumbres durante el período Heian, el Genji Monogatari, la traducción sería la novela, el relato, la historia de Genji. El valor que tiene esta novela es incalculable dado que fue escrita durante el mismo período Heian, convirtiéndose en una fotografía literaria de como se vivía en aquella época. Por otro lado, comparándose con otras novelas posteriores que mezclan realidad con ficción, ésta es totalmente ficticia, aunque algunos personajes según se ha comentado están basados en personajes que realmente existieron. Por otro lado, a diferencia de otros monogataris posteriores, entre los cuales están los que comentaré, ésta es más una novela, mientras que el resto parecen más romanceros o cantares que estaban basados en canciones de monjes ciegos, que como los trovadores europeos, iban cantando lugar por lugar historias diversas relacionadas con antiguos señores feudales, grandes batallas y hechos destacables, todo entremezclado con enseñanzas y moralejas budistas.
Durante este período de costumbres cortesanas y proliferación de la no violencia física, la influencia sobre el poder se ejercía mediante matrimonios concertados o controles hereditarios. El poder estaba personificado en la figura del Emperador, sus familiares cercanos, y sus más allegados, sin embargo ninguno de estos conseguía realmente hacer uso de ese poder, dado que siempre caía en un miembro de los Fujiwara, los entresijos de la corte imperial eran sin duda territorio de este clan, que ejerció de esta manera su influencia sobre la familia imperial durante casi todo el período Heian. Este control no era muy difícil de mantener una vez se hubiese llegado a las zonas de influencia, el clan Fujiwara era conocido en aquella época por ocupar cargos de ministros y consejeros de la familia imperial, al mismo tiempo que sus hijas eran escogidas para ser esposas o consortes de los emperadores, teniendo una influencia directa sobre todos ellos. Pero tras la muerte del Emperador Montoku en el año 858, Fujiwara no Yoshifusa consiguió que su nieto, el príncipe Korehito, tan sólo de ocho años ascendiese a Emperador, saltándose en el orden hereditario a su hermanastro mayor, el príncipe heredero Koretaka, y así convertirse en el nuevo Emperador Seiwa. Al ser éste tan sólo un niño su abuelo cumplió funciones de Emperador regente, asumiendo todo el poder y control. En las generaciones siguientes se podían dar dos casos: Cuando el niño-emperador tenía la edad suficiente para cumplir con sus funciones, el regente Fujiwara pasaba a ser canciller imperial, manteniendo la influencia en las decisiones. Sin embargo si veían que el niño-emperador demostraba tener una personalidad un poco fuerte e independiente  y existía el peligro que perdiesen influencia sobre él una vez tuviese la edad para coger las riendas del imperio, lo que hacían era que abdicase en favor de su hijo, diciendo que había tomado la decisión de tomar los hábitos para hacerse monje budista y ostentar el título de Emperador-monje, como era también costumbre en los emperadores a una cierta edad. Aunque también se podía dar el caso que simplemente ostentasen el cargo de Emperador-retirado, aunque esta posición no era tan influyente ni tan importante como la de Emperador-monje. Este cambio de padre a hijo también sucedía si había otra facción, otro clan, que al querer tener influencia en la corte quisiese cambiar el orden hereditario a favor de su heredero, entonces antes de que se produciese cualquier conflicto, el Emperador, aconsejado por el canciller imperial, o el joven-emperador, obligado por el Emperador regente, abdicaba en favor de su hijo descendiente de los Fujiwara.
Por supuesto también existía el caso de personajes ajenos a los Fujiwara que ejercían una cierta influencia sobre el niño-emperador y luego también sobre el Emperador ya adulto, en este caso si los Fujiwara veían un peligro en dicha influencia, exiliaban al personaje en cuestión, dándole un cargo sin importancia en un lugar lejano a Kioto, como le sucedió en 901 a Sugawara no Michizane, el considerado referente y erudito de la poesía china en Japón.
Llegado a este punto, quien se este leyendo esta entrada se estará preguntando que tiene que ver el clan Fujiwara con el clan Hojo, sencillamente que el clan Hojo tiene sus orígenes en este período Heian, y aunque su influencia no llegará hasta el período Kamakura, su forma de influir en el poder era similar a la del clan Fujiwara. Ahora después de un salto temporal voy al ocaso del período Heian y en los albores del de Kamakura, una etapa de la que habla el Hogen Monogatari, el inicio de una trilogía literaria que trata sobre el ascenso del clan Taira y su posterior aniquilación. El Hogen Monogatari tiene como argumento principal el cambio de actitud de la política de sucesiones en la capital, pasando de una influencia mediante matrimonios concertados a intentar conseguirla mediante el uso de la violencia. La caída de los valores cortesanos en favor de la actitud de los guerreros viene influenciada por la importancia que estaban obteniendo estos últimos, y como se verá al final del tercer libro, serán finalmente los guerreros del Norte quien acabarán acaparando todo el poder militar. Desde la perspectiva japonesa, deberían ser los guerreros del Este. La percepción que pueda tener cualquier persona occidental sobre la isla principal de Japón, es separarla entre Norte y Sur, sin embargo desde la perspectiva japonesa, esto no es así, la separación se hace entre Este y Oeste, donde quizá la separación entre uno y otro esta en la frontera entre las prefecturas de Gifu y Nagano.
Mientras la vida cortesana en la capital imperial estaba basada en el cultivo en el arte, la literatura y el budismo, debido a una existencia ociosa y pacífica, todo lo contrario podía encontrarse en otras regiones del imperio, alejadas de la influencia y protección de la capital. En estos lugares el cultivo por la cultura y la religión fue sustituido por la doctrina del arco y las flechas. Sin embargo, los cabecillas que gestionaban estas regiones no eran simples guerreros, eran descendientes directos de emperadores que entre finales del período Nara y mediados del período Heian, habían ido enviando a sus vástagos alejados de la línea sucesoria, a dominar diferentes lugares en nombre del Emperador. Después una vez asentados esos territorios, los mantenían y los defendían de hordas enemigas. Debido a esto muchos de ellos no se habían visto influenciados por las formas refinadas de la aristocracia de la capital, sino por el arte de la guerra. No obstante, al ser conocedores de su linaje imperial, la gran mayoría guardaba fidelidad al Emperador de turno, al cual consideraban casi como una deidad. Dos clanes de guerreros predominaban sobre los demás, el clan Minamoto (Genji, leído en chino) y el clan Taira (Heike). Aunque los dos clanes poseían territorios a lo largo de la isla principal, ramificaciones dentro del mismo clan habían creado territorios a los cuales llamar el hogar del clan, mientras los Genji lo tenían en la región de Kanto, en especial en la actual Kamakura, los Heike lo tenían en la península de Ise, no muy lejos de la capital. Por tanto, mientras los Heike podían presumir de cierto poder político al encontrarse cerca del núcleo de influencia, los Genji se veían alejados de éste. Bajo este telón de fondo empieza el Hogen Monogatari.

Escena de la Rebelión de Hogen
Rebelión de Hogen
Esta obra literaria, primera de tres, explica como la capital se encuentra dividida entre una lucha de poder por la sucesión al trono, el Emperador-monje Toba había abdicado en favor de su hijo mayor Sutoku, sin embargo, éste cuando hizo lo mismo en favor de su hermanastro menor Konoe, de tan solo tres años, su padre aún mantenía el cargo de Emperador-monje. Por aquella época, principios del S.XII, los emperadores habían encontrado una manera de no seguir viéndose influenciados por los Fujiwara, como había pasado en casi todo el período Heian. La manera era que al abdicar para sumergirse en el budismo, abandonaban la capital y se trasladaban a templos donde seguían las consiguientes enseñanzas religiosas, desde ahí lejos de los Fujiwara pero suficientemente cerca de los centros de acción, el Emperador retirado seguía manteniendo el poder, en temas como los de sucesión. Sutoku ansiaba la muerte de su padre para ocupar su cargo y hacer abdicar a su hermanastro Konoe en favor de su hijo. Sin embargo, Konoe muere joven, antes que pudiese abdicar, y la sucesión es disputada entre Go-Shirakawa, otro hermanastro de Sutoku, y el hijo de este último. Toba, el Emperador-monje, decide que el sucesor debe ser Go-Shirakawa, y esto hace enfurecer a Sutoku, que ve como su linaje se aleja de la línea sucesoria. Es entonces cuando comienza a buscar alianzas entre los clanes de guerreros, sobre todo entre los más poderosos, los Minamoto y los Taira, sin embargo dentro de estos mismos clanes se crean facciones diferenciadas que apoyan por una parte a Go-Shirakawa y por otra parte a Sutoku. Lo mismo sucede con el clan Fujiwara, que divide sus apoyos entre los dos hermanos. En 1156, un año después del nombramiento de Go-Shirakawa como Emperador, su padre Toba muere, y es entonces cuando comienzan las hostilidades entre los dos bandos, a este período de lucha se le conocerá como la rebelión de Hogen. Aunque el período Heian todavía esta vigente, ya se puede observar como se va acercando a su fin, la que había sido una era de paz de casi cuatro siglos de duración dejaba paso a un nuevo horizonte regido por la violencia e influencia guerrera.
Casi un mes después del comienzo de la rebelión el conflicto acaba con el triunfo del bando del Emperador Go-Shirakawa, y tomándose represalias con los líderes del bando perdedor. Sutoku es capturado y exiliado lejos de la capital, a la isla de Shikoku donde muere pocos años después. Fujiwara no Yorinaga, hijo menor del Emperador regente, Fujiwara no Tadazane, durante el imperio de Konoe, muere durante el conflicto bélico. Minamoto no Tameyoshi, líder del clan Minamoto, muere mediante el ritual de suicidio obligado por su propio hijo, Minamoto no Yoshitomo, que había apoyado al bando contrario. Finalmente Taira no Tadamasa, tío del líder del clan Taira, Taira no Kiyomori, también es ejecutado obligado por su propio sobrino. Una vez tomadas estas medidas, Go-Shirakawa abdica como Emperador a favor de su hijo Nijo, y se convierte en Emperador-retirado, cosa que le facilita la toma de decisiones sin sufrir las obligaciones y presiones del cargo de Emperador. No será hasta 1169 que tomará los hábitos y se hará Emperador-monje, para como su padre y anteriormente su abuelo seguir decidiendo el destino del Imperio desde su recogimiento religioso. Sin embargo, el panorama ha cambiado, ya no son los Fujiwara los que ejercen la influencia en la capital, sino Kiyomori, jefe de los Taira, que con el paso de los años se va haciendo con más poder dentro de la capital.
La trilogía literaria sobre el final del período Heian enlazado al de los Taira continúa con el siguiente libro, la segunda parte de esta obra de referencia de la literatura japonesa, el Heiji Monogatari, y que explica los acontecimientos que ocurren cuatro años después del fin de la rebelión de Hogen. Go-Shirakawa, antes de abandonar su puesto de Emperador, otorga títulos y reparte beneficios entre los que le apoyaron en el conflicto con su hermanastro mayor. Sin embargo, los Taira que surgen como los más beneficiados despiertan envidias entre sus aliados, los Minamoto, que ansían hacerse con más poder. Los Fujiwara también se sentían ofendidos, dado que aunque aún conservaban puestos más importantes que los Taira, ven como este clan de guerreros, sin ninguna preparación académica ni gusto por el arte y la literatura, igualan a miembros del clan Fujiwara en ciertos rangos sociales dentro de la capital. Entre ellos destaca Fujiwara no Nobuyori, que ve en los Taira un peligro en sus futuras aspiraciones tras ver como el cargo de Consejero Menor había sido otorgado a su rival Fujiwara no Michinori. Nobuyori que provenía de una de las cinco familias de Fujiwara con linaje de Emperador regente entendía que ese puesto hubiese tenido que ser para él, dado que estaba en mejor predisposición familiar que Michinori, sin embargo, según se explica, los favores secretos que ejercía la mujer de Michinori y enfermera del Emperador-retirado, hacia éste, parecía que habían tenido que ver en la ascensión de su marido a un puesto tan alto. En el período Heian existían diferentes puestos en la administración imperial, que como he explicado anteriormente ocupaban principalmente miembros del clan Fujiwara, el primero de todos era el de Emperador regente, pero debido al poder que habían conseguido los emperadores-monje o los emperadores-retirados, esta posición, junto a la de Canciller Imperial, ya no tenía una importancia tan destacada como en el pasado. Luego venía los cargos de Gran Ministro, Ministro de la Izquierda, Ministro de la Derecha y Ministro del Centro, el siguiente rango estaba formado por los consejeros, Consejeros Mayores, Consejeros Medios y Consejeros Menores, luego venían el resto de rangos, entre los cuales se podían destacar cargos como los de Consejeros Asistentes, o por ejemplo los de Capitanes de la Guardia Imperial de la Izquierda y de la Derecha.

Secuestro del Emperador-retirado Go-Shirakawa por parte de Nobuyori en la rebelión de Heiji
Secuestro del Emperador-retirado Go-Shirakawa en la rebelión de Heiji
A finales del 1159, aprovechando que Kiyomori y sus hombres comenzaban un largo peregrinaje por la gran península de Kii, las tropas de Yoshitomo y Nobuyori, lanzan un ataque nocturno y por sorpresa sobre la ciudad capital, primero se hacen con el Emperador-retirado, Go-Shirakawa, y después van en busca del joven Emperador Nijo, refugiado en el palacio de Sanjo, haciéndolo arder para obligar al joven a entregarse. Después de acabar con parte de su escolta, van a la casa del Consejero Menor, Michinori, lo capturan, matan a todo su séquito, y finalmente acaban con él. Una vez tienen como rehenes al Emperador y a su padre, Nobuyori les obliga a que le otorguen el puesto de Gran Ministro. Mientras tanto, Kiyomori es informado de lo acontecido en Kioto durante su peregrinaje por la península de Kii, como la mayor parte de sus tropas se encuentran en Ise, dentro de la misma península, junto a su hijo Shigemori, se hacen con un gran ejército y se dirigen hacia la capital. Yoshitomo sabe que tarde o temprano Kiyomori volverá, pero tiene las tropas justas para defender la ciudad, aproximadamente medio millar, el grosor del ejército Minamoto se encontraba en Kamakura, muy lejos de la capital, y aun si les podía avisar no llegarían antes que Kiyomori. A los pocos días el ejército de Kiyomori llega, estudian la situación y deciden primero de todo, rescatar al Emperador y a su padre. Envían soldados disfrazados de mujer para que lleguen donde los tienen capturados y sacarlos de la ciudad. Cosa que consiguen lograr tras llegar hasta lo que quedaba del palacio de Sanjo, son rescatados y llevados al templo de Ninnna-ji, en las afueras de la ciudad. Una vez padre e hijo estaban a salvo, Kiyomori inició el asalto a la ciudad, con el beneplácito de Go-Shirakawa. La mayor parte de las fuerzas de Minamoto son aniquiladas, y el traidor Nobuyori ejecutado. Yoshitomo consigue huir, sólo para morir a manos de uno de sus hombres de camino a Kamakura. Debido a que durante el ataque nocturno a la ciudad imperial habían quemado un templo budista, los monjes guerreros que habitaban el monte Hiei atacaron a los fugitivos mientras les maldecían, esto pudo provocar que ante el temor de represalias sobrenaturales, los hombres de Yoshitomo le traicionaran. Sin embargo, esto no impidió que Kiyomori ordenase la búsqueda y ejecución de todos los hijos mayores de Yoshitomo. Sólo se salvaron los que tenían una corta edad, entre los que destacaban Yoritomo y Yoshitsune. Yoritomo, de unos trece años de edad cuando mataron a su padre, fue exiliado a la provincia de Izu, dominada por el clan Hojo, donde vivió vigilado por los Taira. Mientras Yoshitsune un niño de corta edad, se quedó a vivir con su madre en Kioto, hasta que fue enviado al templo budista de Kurama, al norte de la ciudad para que se convirtiese en monje, cosa que finalmente no sucedió. La historia de Yoshitsune es una de las más conocidas del Japón, siendo aún uno de los personajes más famosos de la cultura popular japonesa. El Gikeiki es la obra literaria de referencia para saber que sucede con Yoshitsune tras el derrocamiento de los Taira, un libro que mezcla aventuras del joven Minamoto con su fiel compañero, el monje guerrero Benkei, y también gran dosis de drama, debido a la angustia que sufre el personaje al no poder entender las ansias de su hermano por verle muerto.
Sin embargo, es con Yoritomo con quiero acabar este post, Kiyomori, líder Taira, tomó varias decisiones con respecto a Yoritomo que acabaron por condenar a todo su clan. Primero de todo, en un acto de compasión dejó con vida a los hijos pequeños de su mayor rival, se pueden encontrar varios ejemplos en la historia de Japón en los cuales los señores feudales acababan con los hijos varones de un enemigo, los casos más conocidos son cuando los Minamoto lo hicieron con los Taira en la batalla de Dan-no-ura, y los Tokugawa con los Toyotomi en el segundo asedio al castillo de Osaka. En este punto desconozco si en algún momento el Heike Monogatari pudo convertirse en una referencia en este aspecto en posteriores conflictos entre clanes rivales. Por otro lado, exilió a Yoritomo al hogar de los Hojo en la península de Izu, no muy lejos de los dominios de los Minamoto. Aunque Yoritomo estaba vigilado constantemente, era probable que al tener tan cerca el territorio de su clan, al cabo de los años pudiese llegar a contactar con ellos y hacerse fuerte. Enlazando con este dato, otra decisión que pudo condenar a su clan fue alejarlo de la capital, Kiyomori no debía conocer el refrán “Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”, por mucho que Yoritomo estuviese vigilado por guardias Taira, tarde o temprano, alejado del control de la capital acabaría teniendo cierta independencia de acción, como sucediera con los daimyos de Choshu y Satsuma durante los inicios de la restauración Meiji. Cuando el momento del alzamiento llegase la capacidad de reacción del enemigo estaría limitada bajo el efecto sorpresa. Otro detalle a destacar sería la habilidad del clan Hojo por apostar por los Minamoto y su astucia para aprovecharse por completo de la situación. Es cierto que los progresos de Yoritomo eran desconocidos para los Taira, pero no para los Hojo, después de que Yoritomo hubiese convencido a los Hojo para que le apoyasen en su cruzada contra los Taira, y sumado a una petición expresa del Emperador-monje Go-Shirakawa para realizarlo, los Hojo ayudaron en gran medida a los Minamoto. Sin embargo, cuando estos hubieron triunfado, lo mismo que sucedió con los Fujiwara y los Emperadores, sucedió con los Hojo y los Minamoto. Por mucho que el clan Minamoto iniciase la saga de los Shoguns fundando el primer Shogunato, fueron los Hojo quienes finalmente salieron triunfadores y quienes en realidad dominaron el país durante todo el período Kamakura. Su habilidad a la hora de controlar el tema de las sucesiones, heredada del período Heian, convirtió a este clan en la principal referencia a la hora de remitirnos al cambio que hubo entre los guerreros del pasado y los venideros.
Por último, el dato que menos responsabilidad tiene Kiyomori tiene que ver con el carácter del Yoritomo, poco podía saber, que aquel niño pequeño de tan solo trece años de edad pudiese tener tal determinación para la venganza, una enfermiza voluntad que se llevó por delante también a parte de su propia familia.

Emblema del Clan Taira
Emblema del clan Taira
Nunca se podrá saber si los Taira hubiesen sido aniquilados sin la participación de los Minamoto, la  avaricia de la que hicieron alarde y la falta de respeto que demostraron hacia la figura del Emperador, o mismamente hacia los estamentos religiosos, en especial los budistas, hizo que se ganasen enemigos en muchos lugares del país, y al igual que sucediera con Oda Nobunaga, fuesen considerados como personajes ejemplificadores por muchas escuelas budistas. No es extraño, que durante siglos se propagasen por vía oral o escrita referencias con trasfondo religioso sobre el fin de los Taira, poniendo al clan de Kiyomori como culpables de su propio destino, siéndoles infligido un castigo divino por vulnerar las máximas del budismo, y el Heike Monogatari, del cual hablaré próximamente, fue una de estas referencias.

miércoles, 18 de abril de 2012

De Hakone a Odawara

La mañana siguiente de nuestra estancia en el ryokan de Hakone comenzó con la visita de rigor a los onsens. Nos enfundamos en los yukatas, nos ajustamos los obis y cogimos nuestros respectivos neceseres para ir dirección a la sala de las aguas termales. Con más parsimonia que el día anterior disfrutamos de cada momento de nuestro tiempo allí, imbuidos más en la reflexión que en la conversación, con la complicidad de los demás bañistas mantuvimos el silencio mientras seguíamos el mismo ritual del día previo, primero enjabonado y lavado, luego visita al furo interior y por último acabar en la joya de la corona, el rotenburo, el furo exterior. Sin duda, ese era el mejor momento de todos, el espectáculo visual que nos brindaba ese onsen era algo inolvidable, disfrutar de la naturaleza que nos rodeaba, aderezada de una decoración exquisita, mientras lo contemplábamos todo desde esas aguas termales era algo magnífico. Sin embargo, el saber que habíamos de marchar esa misma mañana me imbuía también en una sensación de tristeza, un sentimiento que intentaba dejar de lado para disponer de los cinco sentidos a la hora de gozar de ese momento.
Finalmente decidimos salir muy a nuestro pesar, el tiempo dentro de un onsen es limitado, una estancia demasiado larga puede contribuir fácilmente a mareos o a dolores de cabeza. Cuando nos disponíamos a recoger nuestras pertenencias en la antesala, un señor bastante mayor un poco mareado cogió por error el yukata de mi amigo japonés, tuvo que explicarle amablemente que se había equivocado, cosa por otra parte normal, todos los yukatas eran iguales, diferenciándose sólo en el tamaño, por tanto si uno salía un poco mareado de los onsens era normal que uno no recordase en que cesta concreta lo había dejado. Esto es habitual en la mayoría de onsens, salvo en aquellos que en vez de cestas para dejar las pertenencias utilizan taquillas como las de cualquier gimnasio. El hombre se sentó confundido y comenzó a hablar, así prosiguió hasta que llegó una de las encargadas a interesarse por él, hablaba y hablaba sin parar, daba la sensación que había pasado demasiado tiempo en las aguas termales.
Al llegar a nuestra habitación, pusimos la televisión y comenzamos a ver los programas de la mañana. Como sucedió la noche anterior, una de las encargadas vino a consultarnos si queríamos desayunar, y en cuanto le dimos una respuesta positiva, como había pasado en la hora de la cena, vinieron a ponernos la mesa y los diferentes platos con la misma minuciosidad y esmero del día anterior. La mesa llena de diferentes platos presentaba un aspecto espléndido, y aunque la comida era más ligera que la noche anterior, todo resultó estar delicioso.
Después de que se hubiesen llevado platos y mesa, ya sólo nos quedaba vestirnos de nuevo para abandonar aquel gran lugar. Dejamos todo limpio y ordenado como lo encontramos, recogimos todas nuestras pertenencias y después de las pertinentes gestiones, partimos hacia nuestro próximo destino.

Funicular de la Tetsudosen que va desde Gora hasta Sounzan
Funicular de Hakone
De regreso en la estación de Nakagora, cogimos el siguiente funicular con destino la parada de Sounzan, última estación de la línea del funicular tetsudosen, dado que ésta se compone tan solo de seis paradas, y nosotros salíamos de la cuarta, el trayecto se hizo bastante corto. Al llegar a Sounzan, por unos 1500 yenes nos montamos en el teleférico de Hakone para ir hasta Owakudani, a mitad del camino del trayecto total que finaliza en Togendai, tocando con el lago Ashi. Dentro del teleférico teníamos unas vistas increíbles del monte Fuji, con un día soleado y con una visibilidad espléndida pudimos ver y fotografiar la montaña emblema del Japón perfectamente. La figura imponente y majestuosa de la montaña sagrada me hacía dudar incluso que hiciese unos años hubiese podido subir hasta la cima desde sus pies, atravesando su falda de Aokigahara, el famoso mar de árboles. Con este panorama el trayecto en el amplio teleférico se hizo bastante entretenido, llegando a Owakudani más pronto de lo que esperábamos. Allí los tres aprovechamos para hacernos una foto bajo la campana de la felicidad, un lugar ideal para que cualquier turista se quiera hacer una fotografía.

Visión del Monte Fuji desde Owakudani
Monte Fuji desde Owakudani
El olor a azufre proveniente de las aguas termales nos llegaba con fuerza, la temperatura de los onsens de aquel lugar era tan alta que el mínimo acercamiento a esas aguas termales estaba prohibido. Hakone no deja de ser una inmensa formación volcánica, más o menos irregular, compuesta por varios montes y explanadas, que posee cierta actividad volcánica, la cual permite que por todo el complejo volcánico se puedan encontrar termas naturales. Nosotros nos encontrábamos en el conocido como el valle del infierno de Hakone, debido a sus grandes emanaciones de gases y por su fuerte olor a azufre. En este valle volcánico es donde la temperatura de los onsens es más elevada. No dejaría de ser un lugar con cierto interés turístico, sino fuese porque es ahí donde se preparan los famosos Onsen tamago o Kuro tamago (huevos de onsen o huevos negros). Los Kuro tamago son huevos que se dejan hervir dentro de los onsens del valle volcánico, debido a los varios minerales que contiene el agua, sobre todo de hierro, otorgan a la cáscara un color oscuro, negro, de ahí el nombre de Kuro tamago. Aunque no deja de ser un huevo duro, de sabor esta muy bien y un poco peculiar, debido, creo que en parte, a su forma de cocción. Cerca de los onsens donde se preparan los Kuro tamago hay puestos donde te los venden ya en bolsitas con un poco de sal, y según se comenta comerlos comporta vivir 10 años más. Aunque desconozco si hay algún rigor científico en esta leyenda popular, en la que se demuestre, por supuesto no la longevidad, sino lo sanos que pueden llegar a ser estos huevos cocidos en aguas termales, en Okinawa, en el extremo meridional del Japón, donde su gente es famosa por su larga longevidad, hace poco publicaron un artículo en el que decían, que esta longevidad podría darse por el consumo de Kurozu, un vinagre de arroz de color negro, que según parece es bastante saludable, teniendo características anticancerígenas, aunque por lo que he podido leer no es tan bueno para el paladar, teniendo un sabor un poco fuerte. Por tanto aquella vez no fue la última en la que escuche relacionar la palabra Kuro con longevidad.

Bolsa con los kuro tamago
Los famosos Kuro tamago
Volviendo a la excursión, una vez hubimos comido los Kuro tamago, paseado por todo el valle del infierno y hacer una parada en el camino en una tienda turística, donde bebimos algo e hicimos ciertas compras, nos dirigimos hacia Kojiri, a orillas del lago Ashi, mediante un autobús de la compañía Izuhakone Bus. Al llegar a Kojiri, el imponente lago Ashi nos daba la bienvenida. Este lago se formó sobre la misma caldera de la formación volcánica de Hakone, al ser un volcán irregular no existía cráter alguno, sino una caldera de donde era expulsado el magma. Tras extinguirse la actividad volcánica, sobre la inmensa caldera, con el transcurso de los años, se creó el gran lago Ashi, con lo cual podría ser también denominado como un onsen gigantesco.
Encontrándonos en ese punto, pudimos deleitarnos con el magnífico paisaje que nos ofrecía el lugar, el gran lago rodeado de montañas verdosas, resultaba un emplazamiento perfecto para un día de picnic. En mitad del lago surcaban dos barcos, parecían dos galeones del S.XVII aderezados con ciertos toques de modernidad, ondeando la bandera de Japón llevaban a los turistas para que contemplasen todo el esplendor que les ofrecía el lago Ashi. Dado que el puerto de embarque nos caía bastante lejos de nuestra posición y desconocíamos la duración de cada trayecto, optamos por montarnos en unas barcas en forma de cisne que teníamos al lado. Las barcas funcionaban a pedales, cosa que al contrario de lo que pueda parecer, resultó bastante divertido, las carcajadas no se diluyeron hasta encontrarnos en mitad del lago y aprovechar para hacer las oportunas fotografías de rigor.
Al volver a tierra firme, ya un poco cansados, decidimos coger uno de los autobuses de la Hakone Tozan Bus, en este caso la línea T, la Togendai line, que nos llevaba desde Kojiri hasta Odawara. Después de un largo viaje que aprovechamos para descansar y reponer fuerzas, llegamos a Odawara, nada más salir del autobús, nos encaminamos hacia un restaurante de tendón, que no es más que un bol de arroz con tempura de langostino por encima. Aunque en Japón uno puedo encontrarse restaurantes como los de aquí, también es bastante común que nos topemos con restaurantes que se centran en una sola especialidad, de esta forma es habitual poder encontrarse restaurantes que sólo sirven platos por ejemplo de ramen, de sushi, o platos con base de arroz, nosotros en aquella ocasión fuimos a uno de estos últimos, en que dentro de su variedad de arroces la especialidad era el tendón.

Castillo de Odawara
Castillo de Odawara
Tras comer el que fue sin duda el mejor plato de tendón que he probado nunca, nos dirigimos hacia el castillo de Odawara, fortaleza del período Muromachi que vivió su máximo esplendor durante la era Sengoku, cuando perteneció al clan Hojo. Durante aquella época el clan tuvo como rivales a míticos Daimyos (señores feudales) como Shingen Takeda, Kenshin Uesugi o el mismo Oda Nobunaga. La visita al castillo fue bastante entretenida, aunque había sufrido reformas, todo mantenía el espíritu ancestral, el crujir de la madera al andar, los pasillos estrechos y oscuros, las escaleras empinadas, y por supuesto objetos típicos de aquella época expuestos a lo largo del recorrido. Finalmente todo concluía en un pasillo rectangular donde habían las fotografías colgadas de todos los castillos del Japón que quedaban en pie.
Al salir del castillo nos topamos con un puesto donde por un módico precio podías equiparte con armaduras de samurai, cosa que ni por asomo dudamos en no hacer. Disfrazados de samurai, con el emblema del clan Hojo en el pecho, y las katanas desenvainadas, comenzamos a simular ser fieros guerreros del período Sengoku. Tras una sesión de fotos improvisada por parte de varias personas que se encontraban en aquel parque a los pies del castillo, devolvimos las armaduras y pusimos rumbo a la estación de tren de Odawara, desde donde cogimos la Odakyu line para poner rumbo a Tokio, dando por finalizada la larga excursión de aquel fin de semana.

domingo, 11 de marzo de 2012

Children of the Tsunami

Impresionante documental sobre el terremoto, tsunami y posterior accidente nuclear visto desde los ojos de niños que fueron testigos de tal tragedia.

jueves, 14 de julio de 2011

Los 50 de Fukushima - フクシマ50

Tras el accidente de Fukushima tras el fatídico terremoto y posterior tsunami de 2011, varios destacamentos de diversa índole desde diferentes partes del país, fueron enviados a la central de Fukushima para ayudar a los operarios de TEPCO que allí quedaban en tareas de evacuación, restauración de la electricidad, creación de un perímetro de seguridad, o enfriamiento de las piscinas de los reactores con combustible nuclear gastado, imagen que por cierto dio la vuelta al mundo. A este cuerpo de emergencia se le llamó los 50 de Fukushima, en japonés los フクシマ50 o 50人の勇者達 (50 no yuushatachi). No eran precisamente 50, pero se rotaban en turnos de 50. Aunque a la decisión de la administración Kan, se le acusó de ser demasiado improvisada y no suponer ningún tipo de solución a la larga al grave problema que suponía ese accidente, a la gente de a pie, se le quedo en la retina el valor que demostraron aquellas personas que no dudaron en ir a Fukushima por el bien de su país. El destacamento se componía de militares del ejército de autodefensa japonés y de la marina estadounidense, ingenieros u operarios tanto de TEPCO como de empresas constructoras de reactores nucleares como Toshiba o Hitachi, y bomberos provenientes de diferentes ciudades del país, como Osaka, Yokohama, Kyoto o Tokyo. Estos últimos, los bomberos tokiotas, fueron los que pasaron a la historia por hacer una de las ruedas de prensa más emotivas antes de ser destinados a Fukushima, y aunque su labor sólo se concentrara en las tareas de enfriamiento de las piscinas durante el día 19 de marzo de 2011, su valor y sus palabras ya nunca más serán olvidadas. Sobre todo, a mi parecer la frase: "私お酒も好きですので、お酒を飲みながら、反省会を一人でやってみたいと思います" (Como también me gusta el sake, mientras lo bebo probaré de hacer por mi parte una reunión para solventar dudas y preguntas). Y en la que agradece el esfuerzo y el sacrificio de sus miembros, además de sentirlo por sus respectivas familias. Pinchar aquí.
Para ver la rueda de prensa entera aquí, dividida en dos partes y esta vez sin subtítulos en inglés:
大量被ばくの恐怖の中福島第一原発で放水活動を行った隊員の会見:

Parte 1 (前半)

Parte 2 (後半)

jueves, 17 de marzo de 2011

YouTube 11th March 2011 Storyful CitizenTube compilation

Tremendo video del terremoto y posterior tsunami. Fuente ElPais a través de Citizentube.

Terremoto y Tsunami: Cambio en la programación

Video de como los diferentes canales japoneses van cambiando la programación al producirse el terremoto:

sábado, 12 de marzo de 2011

Explosión en uno de los reactores de Fukushima Dai-ichi

Internet se convierte en el único medio efectivo de comunicación en Japón, twitter, facebook, skype o msn se vuelven imprescindibles, mientras las peores noticias se confirman al explosionar de uno de los reactores de la Central Nuclear de Fukushima. Una hora de exposición a la radiación liberada tras el estallido del reactor es como la de todo un año.
Sin embargo, al haber demasiadas noticias confusas con lo que sucede realmente en la central nuclear de Fukushima, uno no sabe lo que realmente sucede, según el medio le da o le quita importancia.