miércoles, 28 de noviembre de 2018

Satokibi batake no uta - さとうきび畑の唄

Mi vínculo con las islas de Okinawa y sobre todo con Ishigakijima, es fuerte, imborrable, e indivisible hasta la eternidad, es por ello que cuando en el especial de Sanma de este fin de semana pasado supe de “Satokibi batake no uta” (2003) decidí verla. Esta producción cinematográfica dirigida al consumo televisivo y producida por la TBS, consta de 2 episodios de una hora más o menos cada uno. Aunque la acción se produce en la isla de Naha, la más grande del archipiélago, la mayor parte del rodaje se llevó a cabo en la bella Ishigakijima, una isla más al sur y que representa sobremanera el espíritu paradisíaco y natural de Okinawa y en concreto del archipiélago de Yaeyama.
El nombre de la película esta basado en el nombre de una canción popular de Okinawa en los 60 y que aún puede escucharse en recopilatorios de música Ryukyu, “Satokibi batake”, algo así como "Maizal de cañas de azúcar" o "cañaveral de azúcar". La canción podría referirse perfectamente a la caña de azúcar, dado que no sólo está integrada en el paisaje natural de Okinawa, sino que es también una de las producciones agrícolas más importantes de las islas junto al mango, y del que se produce el conocido kurozato (黒砂糖) o kokuto (黒糖), una preciada azúcar morena que se utiliza en miles de dulces a lo largo de todo Japón. Sin embargo, el verdadero objetivo de la canción era homenajear a los muertos en la 2ª Guerra Mundial, el sonido que hacen las cañas de azúcar azotadas por el viento en verano es como se entendió que era el mejor tributo a los muertos de aquella sangrienta batalla.
Por lo referido a la película, he de decir que es dura como pocas había visto en una producción japonesa, hasta ahora las referencias que más rápidamente me venían a la cabeza sobre la guerra del Pacífico se referían más al bombardeo sobre la base americana de Pearl Harbor, y venían sobre todo de Hollywood, como “Tora! Tora! Tora!” (1970) o “Pearl Harbor” (2001). Concretando más en la batalla de Okinawa, las que me vienen a la mente ahora mismo son "Arenas sangrientas" (1949) o “Banderas de nuestros padres” (2006), y desde el bando japonés pero con producción norteamericana “Cartas desde Iwo Jima” (2006) pero sin embargo aunque intenta emocionar, no lo consigue, es mucho más perturbadora esta última de “Satokibi batake no uta”, pero no obstante queda en el recuerdo como la primera película de escala mundial que se centra en el punto de vista nipón, con un gran Ken Watanabe, "El último samurai" (2003) - "Fukushima 50"*? (2020). Por lo referido al cine japonés, a parte que ninguna de las que he visto de cine bélico se centra en Okinawa, la verdad es que no han llegado muchas de este género aquí, hay algunas bastante interesantes que han sido todo un éxito en Japón, como la emotiva "Los hombres del Yamato" (2005), que incluso tuvo su propio homenaje en Shin chan, "Eternal Zero" (2013) que se centraba en los pilotos de los famosos aviones Zero, que alcanzaron gran popularidad en occidente tras la película de "Pearl Harbor" antes mencionada, "El Almirante Yamamoto" (1968) como su versión de 2011, donde la acción giraba entorno al personaje histórico de Isoroku Yamamoto, comandante en jefe de la Flota Combinada de la Armada Imperial Japonesa, o incluso la kafkiana "Watashi ha kai ni naritai" (2008), algo así como "Me gustaría reencarnarme en un molusco", una historia desgarradora que giraba en torno a un injusto fallo judicial de los tribunales de guerra americanos tras el fin de la guerra. Sin embargo la mayoría de películas japonesas centradas en la 2ªGM que han llegado aquí, se han centrado más en las experiencias personales de ciertos personajes que viven el conflicto desde la distancia, como en “Veinticuatro ojos” (1954) o en “Kabei, nuestra madre” (2008). Aún así, tras todo esto, tengo pendiente de ver una de las obras de referencia de este genero a nivel japonés, como es "El día más largo de Japón" (1967) y su versión de 1982, la de 1967 contó con gigantes de la época más dorada del cine japonés como Toshiro Mifune, Rashomon (1950) - "Yojimbo" (1961), Chishu Ryu, "Cuentos de Tokyo" (1953) - El sabor del sake (1962), o Takashi Shimura, "Vivir" (1952) - Los siete samurais (1954). Punto y a parte es el terreno del Anime, donde uno puede encontrarse una de las películas más cruentas sobre este conflicto mundial de la mano del Studio Ghibli, “La tumba de las luciérnagas” (1988) que se centra en el bombardeo atómico sobre Hiroshima. Otra que suelen destacar también es “En este rincón del mundo” (2016), pero al verla no me pareció tan buena como decían.
Ya centrándome en “Satokibi batake no uta”, he decir que se merecen más que de sobra las más de dos horas de metraje de que consta la película, es difícil mantenerse imperturbable mientras uno es testigo de los terribles acontecimientos que se van sucediendo. El personaje que interpreta Sanma, un cómico famoso de la tv japonesa, puede resultar exagerado, pero analizando bien que es una producción televisiva, un personaje así no desentona tanto, e incluso queda bien. Me recordó mucho al que interpretó Roberto Benigni en “La vida es bella” (1997). Otra cosa a destacar, que a pesar de referirse a un capítulo oscuro en la historia de Japón, no intenta hacer pasar un discurso nacionalista por en medio, todo lo contrario, mantiene una postura cruel pero fiel a la realidad de aquel conflicto, como puede comprobarse en algunos libros históricos de aquella cruenta guerra del Pacífico, como “La caída de Japón” de William Craig o “Némesis” de Max Hastings.
APÉNDICE HISTÓRICO
A pesar que después de visualizar películas como “Cartas desde Iwo Jima” o la misma “Satokibi batake no uta” parezca que la invasión de Okinawa fue un puro trámite para el ejército estadounidense, la realidad fue radicalmente diferente. Alrededor de 1930 los tentáculos del imperio japonés ya comenzaron a expandirse por toda Asia oriental, un anhelo imperialista que había empezado a fraguarse intelectualmente al inicio de la Restauración Meiji (1866-1869), por personajes influyentes, sobre todo del dominio de Choshu, como Yoshida Shoin o Takasugi Shinsaku, y que tenían como objetivo contraponer el poderío occidental en la región. A principios de 1940, Japón contaba con la flota naval más imponente del Pacífico, que le había permitido ser el gran dominador no sólo de parte del continente más oriental sino también a lo largo de todo el Océano, desde las mismas Filipinas, pasando por el sudeste asiático, y hasta incluso llegar las islas Salomón. El cine está repleto de está huella histórica que fue dejando el imperio japonés a su paso, como con películas como: "El puente sobre el río Kwai" (1957), "La delgada línea roja" (1998) o "Nanking: Ciudad de vida y muerte" (2009).
Sin embargo, la entrada de Estados Unidos en el frente del Pacífico tras el bombardeo de Pearl Harbor cambia por completo el dominio en la región. No solamente porque contaba también con una flota tan envidiable como la japonesa, sino que también debido a dos aspectos que luego resultaron fundamentales en el devenir de los acontecimientos, como fue el uso de portaaviones en detrimento de acorazados, cruceros o destructores, tanto fue así que en el ocaso del conflicto la marina estadounidense incluso daba más prioridad a pequeños portaaviones que a grandes navíos de guerra, que resultaban del todo estériles si no disponían de cobertura aérea, como sucedió con el Yamato. Y el otro punto crucial fue el uso de radares, una tecnología que a pesar de que en aquella época estaba en sus inicios de desarrollo, al final resultó ser más efectiva, que las vanguardias de cazas japoneses que oteaban potenciales objetivos.
A principios de 1945, Japón ya había perdido gran parte de su imperio, y se centraba solamente en defender suelo del archipiélago japonés de la mejor manera posible. En abril de ese año comenzó la batalla de Okinawa, que resultó clave en el conflicto, y aceleró los acontecimientos que propiciaron la rendición de Japón. Conquistando Okinawa, Estados Unidos tenía suelo cercano desde donde bombardear masivamente Japón, y no depender ni de portaaviones, ni de islas mucho más lejanas como las Marianas o Guam, desde donde enviar bombarderos B-29 en arriesgados largos viajes. No obstante la conquista de Okinawa no resultó nada fácil, al igual que todo el mundo conoce la palabra Kamikaze, usada para describir los aviones suicidas japoneses que se abalanzaban contra sus objetivos, este tipo de acción no deja de ser una de las pautas a seguir del código ético del Bushido, o conocido también como el camino del guerrero, que aparece por primera vez como código de honor durante el Shogunato de Toyotomi Hideyoshi (1582-1598), para acabar estableciéndose definitivamente durante la posterior etapa Edo (1603-1868), y donde se establecía dentro de las diferentes reglas de las que se componía que el samurai había de luchar hasta última instancia por su señor y aceptar la muerte aunque fuese en forma de sacrificio sin recompensa. Al fin y al cabo este código fue creado para mantener mentalmente ocupados a los samurais que tras una época de guerras constantes, Era Sengoku (1467-1590), se enfrentaban a la ociosidad de la paz, y además para evitar las continuas traiciones que se habían ido dando hasta la consolidación de la era Edo. En la cultura popular la máxima representación del Bushido se puede encontrar en la obra teatral de "Los 47 Ronin" (1748), o conocida en Japón como "Chushingura", que ha tenido multiples versiones cinematográficas, como en 1928, 1958, o la que la popularizó en occidente en 1962, y que como no podía ser de otra manera también fue homenajeada en Shin chan. Pero volviendo al tema en cuestión, contextualizando con la época de dichos acontecimientos, era luchar hasta morir por el Emperador, por Japón, o por la familia, el motivo no era tan importante si el resultado era el sacrificio final. Esto por supuesto, en aquel conflicto era desconocido por el ejército americano y sus aliados, acostumbrados sobre todo a que el enemigo arrinconado optase por lo general por la rendición. El balance de bajas para Estados Unidos en la conquista de aquel diminuto terreno perdido en el Pacífico fue tan elevado que el mismo Presidente Truman sopesó el riesgo en vidas americanas que supondría intentar una conquista por tierra de territorio japonés a la usanza del frente europeo. Es ese momento que al Japón rechazar los términos de su rendición según lo acordado en la Declaración de Postdam, que Truman echa mano del Proyecto Manhattan.

viernes, 24 de abril de 2015

El templo del Fénix


Continuando con el ciclo del patrimonio arquitectónico heredado de la era Heian toca ver ahora uno de los que ha permanecido más intacto hasta nuestro días, y aunque en su momento llegó a ser más grande, su parte más importante ha permanecido casi invariable e intocable, superando terremotos, incendios y guerras. Estoy hablando del Byōdō-in o comúnmente llamado el Templo del Fénix. Realmente este emblemático lugar no se encuentra en la misma ciudad de Kyoto, sino en la de Uji, a las afueras del valle donde se levanta la antigua capital y libre del abrazo de la cordillera montañosa que separa Kyoto de Shiga. En el Genji Monogatari, obra de referencia sobre la era Heian, Shikibu Murasaki relata como los cortesanos tenían a la villa de Uji como un lugar de descanso y recogimiento, la aldea coge especial relevancia al final del libro, donde el protagonismo pasa a los descendientes del héroe de la historia, Hikaru Genji, de quién se dice estaba inspirado en el Príncipe y Gran Chambelán de la corte, Minamoto no Tōru, y es con este personaje con quien voy a empezar. A diferencia de como sucede en Occidente, la línea sucesoria imperial no pasaba directamente de padre a hijo mayor, sino que el Emperador a criterio propio o aconsejado por su séquito de consejeros y nobles decidía quién iba a ser su sucesor en el trono, y como ya expliqué en su momento el clan Fujiwara solía tener el control de este poder. Tōru aun no siendo el hijo mayor, debido a su linaje imperial podía llegar a ser Emperador, pero sólo se quedó en Gran Chambelán del Imperio, cargo que entre sus funciones estaba ser el secretario personal del Emperador. Pero además de deberes tenía derechos, y muy privilegiados, moverse con libertad por todo el palacio imperial, poder de decisión en ciertas cuestiones importantes o ser un personaje de cierta influencia eran sólo una parte, otra más era tener posesiones fuera del palacio, y entre ellas estaba la residencia que tenía en Uji, que acabó siendo el Templo del Fénix actual. Tōru consta como el primer propietario de la hacienda, hasta que, casi un siglo después, muy a finales del siglo X, pasó a ser de Minamoto no Shigenobu, nieto del Emperador Uda, y Ministro de la Izquierda de la corte imperial, una de las posiciones más altas en las cuales se dividía el escalafón de rangos de los cortesanos. Sin embargo, por aquella época los Fujiwara ya ejercían una notable influencia en las decisiones del Emperador, mediante matrimonios concertados entre él, o posibles sucesores, con las mujeres del clan, una vez tenían un lazo cercano con el poder imperial, llegaban incluso a provocar abdicaciones a favor de sucesores menores de edad, con lo cual, ellos se aseguraban el poder a través de la regencia con el cargo de Sesshō, o incluso llegaban a ejercer el mismo poder siendo Kampakus, una especia de primer consejero imperial, de un Emperador ya adulto pero influenciable. Este fue el caso de Michinaga Fujiwara, uno de los miembros del clan que acumuló más poder a lo largo de toda la era Heian. Padre de Emperatriz, y abuelo de dos Emperadores, ocupando la regencia imperial tanto como Sesshō como Kampaku. Hasta ahora la residencia de Uji había estado ocupada por personajes con un linaje imperial, los Minamoto. Sin embargo, Michinaga fue el primer Fujiwara que se convirtió en su propietario y como sus predecesores, hizo servir el palacete como su lugar de recogimiento fuera de Kyoto. En el 1027, un año antes de morir Michinaga, el palacio de Uji pasó a manos de su hijo, el Canciller del Imperio, Yorimichi Fujiwara, y aquí es cuando comienzan los cambios relevantes.
Como había explicado previamente, debido a la necesidad que tuvo el Emparador Kanmu de huir de la presión de las escuelas budistas de Nara, como la Hossō o la Kegon, a finales del S.VIII trasladó la capital imperial a Kyoto, deseando que fuera un lugar exento de cualquier intrusión religiosa, y salvo pequeñas concesiones a la secta Shingon, no había habido otro tipo de intrusión. Sin embargo, a las afueras de la capital, más precisamente en el monte Hiei, en las montañas al noreste, comenzó el surgir de otra escuela budista, que tenía también la intención de ser clave en la evolución de la capital, estoy hablando de la secta Tendai. Aunque durante largo tiempo la capital estuvo libre de su influencia, a la vez que los Fujiwara iban ganando poder sobre la realeza la influencia de esta secta iba en aumento, tanto que al final ni la capital ni sus respectivos Emperadores pudieron desligarse de su influjo. Retomando el punto anterior y volviendo al proceso de cambio del Byōdō-in,  en el 1052, Yorimichi Fujiwara decide conceder su palacete de Uji a la escuela Tendai, pasando a ser un templo budista. Es entonces cuando surgen las principales modificaciones, creándose al año siguiente el recinto que albergará al buda gigante de Uji, el llamado Salón de Amida. Una de las curiosidades que se dieron durante su diseño inicial, fue la colocación de dos fénix en la parte superior del templo, al principio la idea era poner dos cabezas de dragón, sin embargo, la idea de los fénix, influencia acabada de llegar de China, convenció más dada la ausencia de esta figura mitológica en otros templos, fue entonces que gracias a esta particularidad tan especial al Salón de Amida se le comenzó a llamar el Salón del Fénix. Durante los años posteriores, la estructura del templo irá en aumento, hasta que tres siglos después, en 1336 la gran parte de éste es destruida durante los altercados producidos en el ocaso de la restauración Kenmu, cuando el Emperador Go-Daigo es derrotado por los hermanos Ashikaga tras rebelarse contra el shogunato de Kamakura, que conllevó a los herederos de los Minamoto y los Hojo a trasladar el shogunato a Kyoto, dando inicio a lo que se conocerá como la era Muromachi y la consecuente militarización de todo el país.
De aquel templo del Byōdō-in sólo queda la estructura principal, el famoso Salón del Fénix en frente del estanque, panorámica digna de cualquier postal, tanto que en 1994 la UNESCO lo nombró Patrimonio de la Humanidad. Como homenaje a la singularidad del templo, en 1951 el Banco de Japón decidió estampar en el reverso de la moneda de 10 yenes el templo del Byōdō-in, y tiempo después, en 2004, sacó a circulación el billete de 10.000 yenes donde puede verse a uno de los fénix de dicho templo. Por tanto, si tenéis de la oportunidad de tener una moneda de 10 yenes en vuestras manos, o un billete de 10.000 yenes, esto un poco más difícil, echadle un ojo, ese templo y ese fénix pertenecen a uno de los intereses culturales y históricos más emblemáticos del país.

domingo, 30 de marzo de 2014

El Manga sobre la central de Fukushima - 福島第一原発労働記の漫画


Hacía tiempo que no leía un manga pero me parece que éste de Kazuto Tatsuta llamado "いちえふ:福島第一原子力発電所労働記" (1F: Diario laboral en la Central Nuclear de Fukushima No1) merecerá muucho la pena, tras leerme tres libros y tragarme no sé cuantos documentales sobre Fukushima toca esperar esta obra que seguro que será todo un éxito de ventas. Para más información mirar este artículo:
"Life at Fukushima No. 1 gets manga treatment"

lunes, 11 de marzo de 2013

Entender el accidente de Fukushima

Video en el cual se explica de forma académica por parte del Instituto francés de Seguridad Nuclear (IRSN), lo sucedido en cada uno de los reactores de la central nuclear de Fukushima Daichi, tras el terremoto y tsunami de 2011.

lunes, 16 de julio de 2012

TEPCO lies

De una medida de 106'87μSv/h tomada con un dosímetro de 300.000 yenes (unos 3.000 euros) a una medida oficial de 9'3μSv/h tomada por TEPCO en el mismo punto, en el mismo día, a la misma hora??, otra vez se demuestra que... La verdad está ahí fuera.


Dado que el video no puede verse, una lástima porque realmente era bastante interesante, espero que lo hagan público pronto, dejo este otro más antiguo, del mismo 2011, pero un documento igual de inquietante, no sólo por el objetivo en cuestión que se persigue, introducirse en la zona restrictiva para medir los niveles de radiación, sino por todo lo que se va encontrando a su alrededor, animales abandonados, pueblos fantasmas y sobre todo pocos puntos de control en el perímetro de seguridad de los 20 km, desde donde evitar que la gente pueda acercarse demasiado a los reactores. 


Para entender mejor los niveles de radiación del video subo este gráfico del MEXT, Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Japón, donde se puede apreciar las dosis correspondientes según la actividad o la profesión que se ejerzan, se ha tener en cuenta que los dosímetros o contadores Geiger están preparados para calcular el nivel de radiación máximo que una persona normal puede absorber en un año, que ronda los 1000 Microsievert (μSv), por tanto, dado que la cifra que da el aparato es μSv/h, es fácil por que en un momento dado comienzo a sonar la alarma. Aun así no las medidas tomadas no llegan a la del primer video,  106'87μSv/h, una auténtica barbaridad sin estar ni mucho menos dentro de la zona cero de la central de Fukushima.


jueves, 17 de mayo de 2012

Kioto I: To-ji, Kiyomizu-dera y Yasaka-jinja

De todas las veces que he estado en Japón, tan sólo una vez no fui a Kioto, debido principalmente a que me era imposible ir. Kioto conserva como muy pocas ciudades la esencia cultural e histórica del país, siendo junto a Nara la que conserva más patrimonio cultural arquitectónico por metro cuadrado. Con un breve vistazo al mapa turístico de la ciudad podremos descubrir que simplemente yendo a pie, en bicicleta, en autobús o en metro podemos visitar un montón de monumentos históricos como templos budistas, santuarios sintoístas, palacios imperiales y majestuosos castillos. Toda una amalgama de construcciones históricas que sería difícil escoger una por encima de las demás. Cualquier persona que haya estado en Kioto o que tenga pensado ir y tenga una idea aproximada de lo que quiera visitar tendrá una predilección diferente de su monumento favorito, algunos dirán el Templo dorado Kinkaku-ji, y otros estarían entre el Castillo de Ni-jo, la pagoda dentro del templo de To-ji, el maravilloso templo de Kiyomizu-dera, el majestuoso Palacio Imperial de Kioto, o incluso yendo un poquito más lejos el increíble santuario de Fushimi Inari Taisha.

Una imagen compuesta por 6 fotografías correspondientes a Kinkaku-ji, Castillo de Ni-jo, To-ji, Kiyomizu-dera, Palacio Imperial y Fushimi Inari Taisha
De izquierda a derecha y de arriba a abajo:
Kinkaku-ji, Castillo de Ni-jo, To-ji,
Kiyomizu-dera, Palacio Imperial y Fushimi Inari Taisha
Seguramente también habrán otros que sencillamente prefieran algo diferente como el barrio de las geishas llamado Gion, o incluso gozar o haber gozado del Gion Matsuri, el festival de las carrozas de Kioto que se celebra en pleno mes de julio, o simplemente contemplar durante la noche del 16 de agosto las hogueras en forma de kanji sobre las montañas que rodean la ciudad en la celebración del Daimonji. Como se puede ver Kioto ofrece un conjunto de visitas turísticas interminables en un sólo viaje de placer, pero como quiero enlazar los próximos posts con el anterior, sólo me concentraré en el patrimonio cultural heredado hasta el período Heian, período desde el cual la capital de Japón no abandonó dicha ciudad definitivamente hasta la era Meiji. Pero antes de comenzar con cualquier explicación es interesante comentar un poco sobre la historia previa y los rasgos geográficos de la ciudad.
La importancia que tuvo el asentamiento de la capital en la actual ciudad de Kioto es que definitivamente se escogía un lugar estable para albergar a la corte imperial, previamente durante años ésta se había ido moviendo por diferentes lugares entre las prefecturas de Nara, Shiga, Osaka y de la misma Kioto, los motivos de todos estos traslados podían ser diversos como tensiones entre la familia imperial, el alejamiento de una fuerte presión budista, guerras, enfermedades e incluso caprichos. El lugar se escogió por razones diversas como que no quedaba muy lejos del último asentamiento de la capital en Nagaoka, y el traslado por tanto sería más sencillo. Pero las razones principales del traslado eran geográficas, la zona que abarcaba las comarcas de Kadono y Otagi eran atravesadas por varios caudalosos ríos que tenían su origen en las montañas que rodeaban toda la región salvo en el extremo Sur, de todos estos ríos habían dos principales que flanqueaban el territorio, el río Katsura al Oeste y el río Kamo al Este. Es este último el más famoso y conocido, dado que atraviesa el casco antiguo de la ciudad, siendo utilizado durante años como lugar de reunión en primavera para ver los cerezos en flor situados a lo largo de su cauce,  y de lugar de encuentro para parejas de enamorados, grupos de amigos y familias para disfrutar de los festivales de verano desde su orilla. Los puentes de diferentes colores que lo atraviesan son otra de las marcas representativas de la ciudad, los habréis cruzado o los tendréis que cruzar para ir a sitios tan emblemáticos como los templos de Ginkaku-ji y Kiyomizu-dera, el santuario de Heian-jingu, o el  mismo barrio de Gion. Volviendo al río Kamo, a la altura del palacio imperial absorbe al río Takano, para finalmente desembocar más al Sur de la ciudad en el río Katsura, éste a su vez confluye con el río Uji, nacido del enorme lago Biwa, para formar entre los dos el largo río Yodo que llega hasta la misma ciudad de Osaka.
Tal cantidad de ríos puede ser explicada como he comentado antes por la cordillera montañosa que rodea la ciudad, si cogéis Google Maps, buscáis Kyoto y ponéis el mapa en relieve veréis como de acotada esta la antigua capital, es por ello que si habéis viajado a Kioto en pleno verano habréis comprobado que el calor es sofocante, incluso en días de mucha calor y humedad puede ser totalmente insoportable. A parte de que cuanto más al Sur del país vayamos el calor y la humedad en verano aumentarán, el hecho de que la ciudad este envuelta por la cordillera montañosa hace que el viento no circule con normalidad, otorgando una sensación de calor mayor de lo habitual. Al comienzo del asentamiento de la capital el abrazo de las montañas permitía que la ciudad tuviese recursos hidrológicos suficientes y daba una sensación de mayor seguridad, sin embargo limitaba bastante el acceso a la ciudad, y es por aquí por donde quiero comenzar explicando el patrimonio heredado de la era Heian, por la puerta de entrada a la ciudad.

Fotografía de la pagoda del Templo de To-ji (To-ji no gojuu-no-tou)
Pagoda del Templo de To-ji (東寺の五重塔)
Templo To-ji:
Puede que por este nombre no lo reconozcáis pero es el templo que acoge la famosa pagoda de Kioto, una de las imágenes más representativas de la ciudad, y que al estar al lado de la estación de tren es la que, de alguna manera, da la bienvenida a la antigua capital. Fue de las primeras construcciones que se realizaron cuando la familia imperial aterrizó en aquel lugar, pero nuestro actual templo de To-ji oculta un secreto que el pasado nos desvelará convirtiendo a la pagoda en un eje de referencia para imaginar como era aproximadamente la capital durante el período Heian. Como se ha explicado antes, la ciudad estaba rodeada por toda una cordillera de montañas, siendo la parte más accesible a la capital la parte Sur, es por este hecho que cuando se comenzó a construir el palacio imperial, éste miraba hacia esa dirección, la misma ciudad fue diseñada hacia el mismo sentido, y finalmente en el perímetro más meridional se creó la puerta de acceso a Heian-kyo, como se llamaba a Kioto durante esa era. El nombre de esta puerta era Rashomon, como la conocida película de Akira Kurosawa, que se basaba en los relatos de un mismo suceso desde diferentes versiones explicados justo debajo de la puerta del mismo nombre. Para proteger la ciudad de los malos espíritus que pudiesen venir del exterior la gran puerta estaba flanqueada por dos templos budistas casi idénticos pertenecientes a la escuela budista Shingon, el templo al Oeste se llamaba Sai-ji y el templo al Este, To-ji. Aunque el emperador Kanmu era reticente a que hubiesen templos budistas dentro de la ciudad en un principio permitió la construcción de estos dos templos junto a la puerta de Rashomon, sin embargo años después cuando la construcción había quedado a medias, la escuela Shingon se hizo cargo del acabado de los dos templos, construyendo una pagoda de cinco pisos en cada uno de ellos, edificaciones por otro lado características de esta rama budista por aquella época, por ello en la mayoría de templos Shingon podemos encontrar una pagoda, sea el caso por ejemplo del templo de Koya-san en Wakayama o el Shinsho-ji en Chiba. Volviendo al templo To-ji, debido a su posición estratégica en la actualidad podemos utilizar su situación como referencia para imaginar como era la desaparecida Heian-kyo. Mirando hacia las montañas, como si fuésemos a entrar en la gran ciudad, el templo se encontraba a la derecha de la puerta de Rashomon, atravesándola nos encontraríamos con la gran avenida de Suzaku, como unos Parques Elíseos, que conducía directamente a la entrada del Palacio Imperial. Si cogemos un mapa actual de la ciudad de Kioto, no encontraríamos rastro alguno de esa avenida, pero sabiendo la posición de To-ji podríamos imaginar donde estaba, si tenéis suerte y tenéis un buen mapa, puede que os señale el lugar donde se encontraba la puerta de Rashomon. Si trazamos una línea recta desde ese punto hasta la estación Ni-jo de la JR, estaríamos más o menos delante de donde se alzaba el antiguo palacio de Heian. Subiendo un poco más nos encontraríamos con una señalización que nos indicaría que en ese sitio se encontraba la puerta de Suzakumon, puerta de acceso al palacio imperial, y si giráramos hacia la derecha nos toparíamos con el Castillo de Ni-jo. Este castillo se levantó a principios del S.XVII sobre parte de los terrenos donde se situaba el antiguo palacio, que en aquel momento ya llevaba siglos destruido.
Del desaparecido palacio de Heian sólo queda la reproducción a una escala inferior que se realizó a finales del S.XIX, denominada Heian-jingu, actualmente un santuario sintoísta pero que en un principio tenía como función reproducir el aspecto del antiguo palacio imperial.
De la famosa entrada de la ciudad sólo queda en pie el templo de To-ji, su templo hermano Sai-ji, y la puerta de Rashomon acabaron en ruinas durante el período de dejadez, corrupción y conflictos de intereses y religiosos en la que se vio sumida la capital en los albores del final de la era Heian. El mismo templo To-ji tuvo que ser parcialmente reconstruido en el S.XV

Fotografía del Templo de Kiyomizu-dera (Nioumon)
Puerta de entrada al Templo de Kiyomizu-dera (清水寺の仁王門)
Kiyomizu-dera:
En la misma película Rashomon el monje budista testigo de los relatos del leñador dice que viene del templo Kiyomizu, se refiere a este mítico y bello templo que se encuentra en los límites de la ciudad, exactamente en la parte sureste. Aunque es un templo bien conocido en Japón, saltó a la fama mundialmente en el 2006 cuando se convirtió en uno de los 21 candidatos en el concurso de la Fundación New7Wonders para escoger las nuevas 7 maravillas del mundo. Sin embargo el actual templo de Kiyomizu-dera poco tiene que ver con el de la era Heian.
Uno de los motivos por los cuales la corte imperial se trasladó tantas veces fue para huir de la fuerte presión que ejercían las escuelas budistas de Nara, es por ello que cuando el Emperador Kanmu fundó la ciudad de Heian-kyo prohibió la instalación de templos budistas en la capital, salvo como expliqué anteriormente los templos de To-ji, Sai-ji y uno pequeño dentro del mismo palacio llamado Shingon-in, los tres de la escuela budista Shingon, que gracias a los nuevos preceptos que traían de China se ganaron la confianza primero del clan Fujiwara y después de la misma familia imperial. No obstante, las escuelas de Nara no capitularon y fueron siguiendo a la corte imperial allá donde fuese. Fueron ellos, concretamente la escuela budista Hosso, quienes una vez se hubo asentado la nueva capital decidieron crear el templo de Kiyomizu-dera a las afueras de la ciudad. El templo dependía directamente del de Kofuku-ji en Nara, el segundo en importancia dentro de la escala budista tras el de Todai-ji. De esta manera pretendían seguir manteniendo su influencia sobre la corte imperial, sin embargo por aquella época surgía otra escuela budista que convirtió Kioto en su feudo, fue la predominante en la capital y llegó a ser la gran rival de las de Nara. La escuela budista Tendai. Los conflictos entre esta escuela y las de Nara, como Kegon y sobre todo Hosso, por ganarse la influencia del imperio provocaron graves altercados que acabaron en el incendio de muchos de los templos de estas escuelas, y Kiyomizu-dera no fue una excepción, aunque en aquel entonces no era el gran templo que es ahora. No fue hasta ya entrado el S.XVII que el templo se transformó en lo que es hoy.

Fotografía de la puerta de entrada al Santuario de Yasaka Jinja (Minami-roumon)
Puerta de entrada al Santuario de Yasaka Jinja (八坂神社の南楼門)
Yasaka jinja:
En la misma ciudad de Kioto en pleno barrio de Gion se puede encontrar el bello y colorido santuario sintoísta de Yasaka, fácil de encontrar porque se sitúa en el cruce de dos de las calles más transitadas de la ciudad, Higashioji-dori y Shijo-dori. Debido a su color rojo intenso que lo hace bastante llamativo no es muy difícil de ver incluso desde lejos.
En la entrada podemos encontrar dos Komainu, dos leones guardianes de santuarios sintoístas de influencia China, que como muchas otras cosas llegaron a Japón a través de Corea. Sus primos chinos llamados Shishi se usaban como protectores de lugares importantes, como el mismo palacio imperial o templos budistas, en Japón sin embargo fueron utilizados principalmente para custodiar santuarios sintoístas, aunque también pueden ser encontrados en algunos templos budistas. Podemos encontrarlos no sólo en forma de león, sino que también en forma de zorro llamado Kitsune, como en los santuarios que veneran a la diosa Inari.
Subiendo un poco más, en la puerta Nishiromon, el gran arco de entrada al santuario, nos encontramos con dos guardianes más, pero esta vez son dos Nio o Kongorikishi, suelen ser guardianes que custodian la puerta de acceso a templos budistas, pero como en este caso en cuestión también se les pueden encontrar en santuarios sintoístas. Suelen tener forma humana, de aspecto fuerte y temible y de gran tamaño. Sin embargo, los de Yasaka son guardianes de aspecto apacible vestidos de guerreros de la era Heian, siendo un ejemplo de como vestían e iban armados los guerreros de aquella época. Pero lo que destacaría más del santuario es el Maidono o Kagura-den, el recinto donde sólo en días especiales se realizan las danzas kagura, una especie de bailes con máscaras similar al teatro Noh que precisamente tiene su origen en este tipo de folklore japonés. Al caer la noche, las linternas de papel llamadas chochin que rodean el escenario se iluminan dando una maravillosa e imborrable imagen del lugar.

Fotografía del maidono del santuario de Yasaka jinja
Maidono del santuario de Yasaka finja (八坂神社の舞殿)
Aunque no era ni mucho menos el único santuario de la ciudad durante la era Heian gozaba de mucha de popularidad, dado que el dios confinado en su interior era el mismo Susa-no-o, el macho impetuoso. Dentro de la mitología japonesa de la cual se basa el sintoísmo es sin duda uno de los dioses más carismáticos de todos. Aunque en el mundo de los dioses representaba la envidia y avaricia provocando acciones malévolas contra sus hermanas, especialmente contra Ama-terasu, cuando es castigado y enviado al mundo de los humanos cambia de actitud y se convierte en un personaje justo y bondadoso. Su acción más conocida es cuando mata a la gran serpiente de ocho cabezas Yamata-no-Orochi, para salvar a una joven que le iba a ser sacrificada, primero emborrachándola de sake y luego cortándola a trozos con su espada. Tras hacerlo descubre dentro del cuerpo de la serpiente la espada sagrada Ame-no-Murakumo-no-Tsurugi llamada comúnmente Kusanagi, que entrega a su hermana Ama-terasu para ganarse su perdón. Esta misma espada sería la que según la leyenda le fue entregada al Príncipe Yamato para afrontar sus misiones contra la tribu de los Ainu que ocupaban toda la zona oriental del país. Por su parte, Susa-no-o después del perdón de Ama-terasu, se queda a vivir  en el mundo de los humanos con la joven a la que rescató. En resumen esta podría ser una breve explicación del dios Susa-no-o al cual se le ha comparado muchas veces con el personaje de Sant Jordi.
Yasaka jinja no es el único santuario que dice tener enclaustrado a Susa-no-o, es normal encontrarse diferentes santuarios que veneran a la misma deidad, pero incluso dentro de la misma religión sintoísta existen dos santuarios por excelencia que están por encima de los demás, son el santuario de Ise en la prefectura de Mie que venera a la diosa Ama-terasu y el santuario de Kumano Taisha en la prefectura de Shimane el que es considerado la referencia entre todos los santuarios que adoran a Susa-no-o. Dado que según la mitología cuando Susa-no-o es enviado al mundo terrenal llega a esta prefectura, es aquí donde podemos encontrar más santuarios dedicados a esta deidad, junto al de Kumano esta el de Susa y el de Yaegaki. Sin embargo, Yasaka-jinja o Gion-sha como se llamaba por aquel entonces dando nombre a toda la zona donde se ubicaba, era el único santuario dedicado a Susa-no-o en la capital imperial y de ahí su importancia y su influencia a lo largo de los años. Es por ello que cuando en el 869 todo el país estuvo sumido bajo una plaga y una sucesión de desastres naturales el Emperador Seiwa pidió a la población de Kioto que fuese a rezar al dios Susa-no-o del santuario de Gion-sha para que apaciguase al demonio al que se consideraba culpable de todos los azotes que estaba sufriendo el país. Finalmente se decidió por hacer una procesión del O-mikoshi de Gion-sha hasta los jardines de Shinsen-en dentro del mismo palacio imperial, y que en la actualidad aún pueden visitarse, aunque como muchas otras cosas han cambiado bastante de su versión original. Estos O-mikoshi, o sencillamente Mikoshi, son mini-santuarios portátiles donde la respectiva deidad está confinada, cada cierto tiempo se les saca del recinto llamado Honden que hay en cada santuario para hacer una pequeña procesión. En cuanto a lo que respecta a la procesión ordenada por el Emperador Seiwa estaba compuesta por el Mikoshi y 66 alabardas, una por cada provincia del país, tras recorrer parte de Heian-kyo llegó hasta los jardines de Shinsen-en, que habían sido protagonistas ese mismo siglo cuando Kukai el fundador de la escuela Shingon consiguió hacer llover mediante sutras budistas desde el mismo jardín, debido a esto se creó en ese lugar un pequeño santuario que albergaba a la diosa Zennyo-Ryu. Tras realizarse la procesión, tanto la plaga como los desastres naturales desaparecieron, y fue por este motivo por el que cada vez que se producía una plaga de abasto nacional se volvía a realizar la procesión, a la cual conocemos hoy en día como el Gion Matsuri.
En un principio el Gion Matsuri, nombre que le viene del mismo santuario Gion-sha desde donde salía su respectivo Mikoshi,  sólo se realizaba esporádicamente, pero finalmente a partir del 970, durante el mismo período Heian, se convirtió en un evento anual. Sin embargo no fue hasta el período Edo que el festival se transformó en lo que es hoy, portando grandes carrozas decoradas de vivos colores.

Fotografía del Gion Matsuri
Gion Matsuri (祇園祭)
Aunque cuando comenzó tenía un cariz religioso y exclusivo, poco a poco se fue convirtiendo en un evento más popular y accesible, siendo los potentes mercaderes textiles de Kioto quienes comenzaron a celebrar el festival durante la era Muromachi. Tras conflictos y prohibiciones los mercaderes consiguieron mantener con vida el festival hasta la era Edo, desde la cual se ha mantenido de manera similar, salvo que en vez de las primeras 66 alabardas se utilizaron 32 carrozas, representando a los 32 distritos en los que se componía la zona de la industria textil del kimono en Kioto, más o menos en la parte noroeste de la capital, en el actual barrio de Nishijin. Las 32 carrozas llamadas yamaboko se separan en dos tipos, las yama y las hoko, las yama son 23 pequeñas carrozas que son llevadas a hombros o que provistas de pequeñas ruedas son empujadas, sin embargo las hoko son más grandes y tienen grandes ruedas de madera que permiten su fácil movimiento tirando de ellas mediante cuerdas.
Es por todo esto que se podría decir popularmente hablando que Yasaka jinja es uno de los santuarios más importantes de Japón junto a otros como el de Fushimi Inari Taisha, también en Kioto. No es extraño por tanto que dado su incierto origen, si fue primero un templo budista o un santuario sintoísta,  dado que el recinto ya existía un siglo antes del establecimiento de la capital en aquella zona, escuelas budistas como la Hosso o la Tendai se hayan peleado por su patrocinio, acabando en manos de la rama de Kioto hasta la era Muromachi, de ahí que en el santuario hayan mezclados rasgos budistas y sintoístas, como los guardianes Nio o la misma puerta de entrada, elementos más típicos de un templo budista.

lunes, 14 de mayo de 2012

The Cove

Hace unos años, cuando mi visión de Japón, fuera de los aspectos más básicos, venía influenciada por medios extranjeros, era fácil coincidir con ciertos artículos, que por defecto, se les agregaba una visión particular, interesada o incluso de desconocimiento de sus autores o editoriales, originando una visión extremadamente dopada o alejada del Japón real. Desde hace un tiempo intento respetar ciertas tradiciones o costumbres japonesas, aunque no me parezcan del todo bien, porque luego descubro que siempre hay un motivo acertado para ello. Sin embargo, la caza de delfines en Taiji, Wakayama, es una de las que todavía me chirrían. Creo que es una las tradiciones que más habrían de vigilar, controlar o impedir que fueran tan crueles y sangrientas, al fin y al cabo, la carne de delfín no está prohibida.
El choque frontal que intentó hacer los medios occidentales contra esta bárbara costumbre tras la película "The Cove" no resultó efectivo, ni creo que resulte a la larga, la prueba es la caza de ballenas. Los japoneses intentan respetar o proteger sus tradiciones sobre todo cuando los ataques vienen del exterior, sea desde sus vecinos chinos o coreanos, o desde occidente. Por tanto, según mi opinión la única manera que veo para que el cambio sea efectivo, es que la propia sociedad japonesa lo ejecute o por un cambio generacional se dejé de hacer, como se ha producido varias veces a lo largo de la historia. El problema en sí es que esta tradición, no es un orgullo nacional como se podría encontrar en otros lugares haciendo una comparación, no hay un debate o preocupación a nivel nacional sobre ello, sino que es una tradición de una pequeña comunidad costera, y sino hay una legislación concreta que afecte a esta práctica, es muy difícil que pueda producirse cambio alguno. He tenido la oportunidad varias veces de visitar algunos característicos pueblos costeros, y fuera de su particular encanto, puedo entender que algunas costumbres la encuentren como algo propio que los hacen lo que son, y que seguramente no tendrán intención de variar.